Según la FAO⁴, en 2024 más de 60 millones de personas se vieron afectadas por las consecuencias climáticas asociadas a El Niño. En el sur de África, casi el 45% de la superficie cultivada de maíz sufrió pérdidas significativas en algunas zonas. Además, los organismos internacionales de seguimiento climático ya advierten sobre un posible regreso del fenómeno a partir de 2026¹.
Para la agricultura, el mensaje es claro: los fenómenos climáticos extremos son cada vez más frecuentes, más intensos y más difíciles de prever. Las sequías, la irregularidad de las precipitaciones, las olas de calor y el estrés hídrico se están convirtiendo en riesgos estructurales para los cultivos extensivos.